¿Vive México un brote incel?
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Por Eduardo Portas Ruiz // Profesor investigador del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA) de la Universidad Anáhuac México
Lo que hasta unos años parecía un problema estrictamente primermundista ha desbordado la realidad mexicana. Se dijo una y otra vez que en nuestro país los incels no podrían hacerse de un discurso público atractivo para las masas como lo han hecho, sobre todo, en los países anglosajones.
Es cada vez más obvio que esa suposición dejó de observarse a lo lejos para estrellarse en la sociedad nacional. Los hechos violentos de hombres jóvenes que cometen actos atroces de gran impacto mediático se han vuelto una tendencia, no una excepción, lo cual debería prender las alarmas en cada rincón del territorio.
¿Por qué? Por la sencilla razón de que, además de los temas recurrentes del mundo incel (la red pill, la black pill, la misoginia, el aislamiento social, el uso excesivo de la red, solo por mencionar algunos) en México se agregan dos variables que lo diferencian de otros países altamente industrializados en donde el tema ha sido tratado con seriedad desde hace, cuando menos, 10 años: la pobreza y la violencia, imposibles de separar de nuestra historia como nación.
Ante la falta de estudios en donde se unan esas dos grandes esferas de análisis (mundo incel + factores intrínsecamente mexicanos) le vendría bien a nuestra sociedad comenzar a implementar acciones transversales para acotar la barbarie antes de que sea imposible de contener, como sucedió con el narco.
El problema es que, a diferencia de la criminalidad organizada tradicional, el fenómeno incel nace en la profundidad de los algoritmos y foros de internet. Como se ha constatado en diversas ocasiones, este grupo utiliza el espacio virtual para radicalizar el resentimiento contra las mujeres y la sociedad.
La última evidencia de esta lamentable tendencia ha sido el reciente ataque en la Pirámide de la Luna, dentro de la zona arqueológica de Teotihuacán, perpetrado por una hombre de 27 años contra turistas el 20 de abril del 2026. En el hecho una turista canadiense fue asesinada y otros 13 resultaron heridos. En los audios y videos difundidos en línea, el asesino lanza insultos xenófobos contra los visitantes, además de afirmar una y otra vez que serán sacrificados en un lugar que originalmente fue diseñado para eso, y no como atracción de esparcimiento. El agresor se quitó la vida tras los hechos.
Como nos enteramos en México una y otra vez de las noticias provenientes del primer mundo — notablemente de Estados Unidos — el perfil del asesino encaja con la tipología del atacante moderno radicalizado en redes sociales: un individuo con una vida digital paralela, marcada por la creación de contenido bajo seudónimos y una obsesión con figuras de poder y la infamia mediática. El dato más obvio fue que horas antes de la masacre, publicó en sus redes el mensaje: "Columbine II. Yo seré el protagonista”, en memoria del tiroteo escolar de 1999 en Estados Unidos que también sucedió un 20 de abril.
Además de su actividad en YouTube, se ha revelado que el individuo escribía libros bajo seudónimos, un factor que las autoridades aún analizan para entender la profundidad de su ideología misógina y su desconexión con la realidad.
Para aquellos que no conocen la palabra, el término "incel" se refiere a personas que se autoperciben como incapaces de establecer relaciones afectivas con mujeres, atribuyendo este rechazo a estándares estéticos o económicos que consideran injustos. Esta subcultura ha encontrado en México un terreno fértil debido al uso intensivo de redes sociales.
En nuestro país, casos como el de Lex Ashton, un joven de 19 años que hace unos meses asesinó a un menor en el CCH Sur, confirman la presencia de esta "misoginia terrorista". Lo mismo sucedió en Michoacán, de nuevo, hace menos tiempo aún: antes de cometer los feminicidios, el joven subió contenido a sus redes sociales donde presumía un arma y expresaba abiertamente su odio contra las mujeres.
Y si bien el caso reciente de las pirámides no contiene este vitriolo, el lamentable hecho se asocia claramente con un tema que nadie quiere tocar en México: con frecuencia, los incels y los jóvenes que han “despertado” a la red pill mantienen ideas nacionalistas en extremo e ideas vinculadas a la pureza de raza que han sido apropiadas de movimientos fascistas o muy cercanos a ellos, como fue el caso del asesino de Teotihuacán. Este racismo involucra un sentimiento de superioridad que se entremezcla con mitologías nórdicas ancestrales para fundamentar el “derecho” de un grupo a depurar al otro.
El vector crítico de esta tendencia ha sido una alfabetización mediática nula y el tiempo excesivo frente a las pantallas que pasan millones de jóvenes en México.
Este ecosistema digital facilita que los usuarios consuman de manera acrítica contenidos que normalizan la violencia. Las narrativas misóginas están ahí, y caen en terreno fértil cuando las carencias multi-factoriales, como las de México, asoman su peor cara.
Por si fuera poco, una reciente información del INEGI da cuenta que la juventud actual en México se caracteriza por tener mayores estudios, pero también por una mayor permanencia en el hogar familiar. No es del todo descabellado pensar que muchos de estos varones jóvenes encuentren en la red pill, la cultura incel, así como en la comunicación mediada por lo digital, una solución parcial a problemas existenciales profundos que nadie se ha tomado la molestia en dialogar, ya no se diga analizar.
¿Será demasiado tarde para que comencemos a tratar de solucionar esta creciente tendencia en México o tendremos que enterarnos de nuevos actos que buscan "generar conciencia" por medio de la violencia?
La nota sobre jóvenes en México que pasan más tiempo en el hogar se puede leer aquí:
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