El vínculo entre el contenido incel y la violencia en el mundo real
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Por Eduardo Portas Ruiz // Profesor investigador del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA) de la Universidad Anáhuac México
Hace unos días el país fue conmocionado por segunda vez en menos de seis menos por el asesinato perpetrado a sangre fría por una persona vinculada al término incel.
Un menor de edad del municipio de Lázaro Cárdenas, Michoacán, entró a la preparatoria Anton Makárenko y disparó un rifle AR-15 contra dos maestras de esa institución.
Las mujeres jóvenes no tuvieron recurso: el arma de asalto es una de las más letales del planeta, capaz de disparar 45 veces por minuto a una distancia máxima de 550 metros. Su índice de letalidad es de 640 puntos, más del doble de una pistola de 9mm que se ubica en 295, de acuerdo con aquellos que hacen este tipo de mediciones. Un dato adicional: desde el año 2012, en 10 de los 17 los tiroteos masivos con mayor número de muertos en los Estados Unidos se ha utilizado alguna variante del AR-15.

Aquí lo de que debe llamarnos la atención es el por qué. Distintas notas periodísticas recogen la misma información: el asesino subió contenido incel a sus redes sociales antes de cometer los feminicidios.
El contenido de su cuenta de Instagram — ahora borrado—es auto-descriptivo. En un video presume el arma. En otro escribe “He decidido enviar a las feministas, que siempre han arruinado mi vida, con su creador. Por 7 años, la vida no me ha traído alegría. Odio a las feministas”. El video, de acuerdo con Aristegui Noticias, incluye una marca de agua de Incels.is, un popular foro de internet de dicha comunidad. En otro aparece bailando el asesino serial Charles Manson, de acuerdo con El Heraldo de México.
En septiembre pasado, otro menor de edad de 16 años del plantel educativo CCH Sur, en la CDMX, fue asesinado por un joven de 19 años llamado Lex Ashton, también identificado con el grupo incels.
La línea que conecta a estos crímenes es el uso indiscriminado de internet y redes sociales a partir de distintas carencias del individuo: emocionales, morales, y de salud mental, solo por mencionar algunas. Ese enredo solo deja de irritar momentáneamente cuando los incels consumen aquello que alude a su propia dificultad: contenido digital que subraya la injusticia percibida en la que viven.

Durante décadas se ha debatido si la teoría del cultivo tiene mérito o no el mundo real. Bajo este precepto, las ideas son colocadas en las personas por el contenido mediático que consumen para dejar que crezcan, poco a poco, hasta ser accionadas por distintos gatillos.
Parecería que con los incels esa teoría se sostiene. Pero esa es una salida falsa frente a un fenómeno mucho más complejo. Millones de personas observan este tipo de videos, posts, imágenes todos los días y siguen su vida sin mayor modificación.
El problema es ese 1%, generalmente varones jóvenes, que, al consumir dichos contenidos de manera indiscriminada llevan a cabo acciones de violencia extrema en en mundo real que sobrepasan lo meramente conceptual. De hecho, el porcentaje tal vez sea menor al 1%, pero las consecuencias de este minúsculo grupo son suficientes para prender las alarmas en cualquier sociedad.
Es una combinación tóxica de diversas carencias, exceso digital, prejuicios y estereotipos, así como machismo. El resultado es desastroso.
El reporte Diverting Hate. Misogynistic Extremism, The Manosphere, and Mainstream Social Media (2024) lo expone con precisión. La tecnología, usada intensa y acríticamente, nos polariza. Las narrativas de las redes sociales son explosivas y amplifican la normalización de la violencia. “Las voces más enojadas son las más sonoras” afirman sus autores. La clave para frenar esta situación es temprana: antes de que el odio se apodere del individuo menor de edad.

Dicho eso, el documento es particularmente interesante. Lo resumo en algunas breves líneas:
- Normalización del odio en plataformas “mainstream”. La manósfera ha dejado de ser un nicho para volverse mainstream. Plataformas como YouTube, X (Twitter) y TikTok sirven de escenario para que influencers promuevan narrativas misóginas, aprovechando algoritmos que amplifican el contenido problemático.
- Conexión entre odio online y violencia offline. De acuerdo con el reporte, existe una correlación directa entre el consumo de este contenido y actos de violencia masiva. El documento cita casos como el tiroteo en Allen, Texas (2023), donde el perpetrador consumía y compartía contenido de la manósfera, utilizando terminología incel en sus diarios personales, al igual que ambos casos vistos en México recientemente.
- Evolución del lenguaje: dehumanización y cifrado. Para evadir la moderación, los usuarios emplean términos codificados:"Wahmen": Término despectivo que implica que las mujeres son poco inteligentes."Femoid": Portmanteau de "female" y "android" para deshumanizarlas.Uso de símbolos: Como #inc3l o mgt0w para saltar los bloqueos de palabras clave en TikTok.
- La ineficacia de la desmonetización. El estudio encontró que la desmonetización de canales en YouTube no frena el crecimiento de seguidores. Por el contrario, influencers como Pearl Davis o el podcast Fresh & Fit vieron un aumento en sus suscriptores tras ser castigados, ya que utilizan estas sanciones para presentarse como "mártires" atacados por el sistema (o "la Matrix").
- Creciente brecha de género en la Generación Z. Los hombres jóvenes de la Gen Z son ahora más propensos a ver el feminismo como algo dañino en comparación con las generaciones mayores, de acuerdo con el documento. Un tercio de los hombres de entre 16 y 29 años cree que el feminismo hace más daño que bien y lo percibe como una amenaza a la masculinidad tradicional.
- La jerarquía del "Truecel" vs. "Fakecel”. Dentro de los foros (como Incels.is), se utiliza la actividad durante los días festivos para juzgar la autenticidad de los miembros. No publicar en el foro durante Navidad es visto como una característica de un "fakecel" (falso incel), bajo la premisa de que un "truecel" (incel real) no tiene otro espacio de interacción social que el foro.
El documento de 55 cuartillas presenta otros datos relevantes: las festividades sociales son particularmente devastadoras para los incels, pues actúan como un magnificador de la soledad y la desesperación en los foros de incels. En estas fechas hay un aumento notable de publicaciones con el prefijo "suicidefuel" (combustible para el suicidio). En San Valentín, vinculado a este tema, aumentan las publicaciones violentas. También profundiza en la narrativa de "Hitting the Wall" (Chocar con la pared) que sostiene que el valor de una mujer desaparece al envejecer o perder belleza física. Por si fuera poco, entre los incels está creciendo el asunto de la dismorfia corporal, pues la manosfera promueve estándares estéticos masculinos irreales.

El tema es complejo y no parece que vaya a tener solución.
Todos los indicadores apuntan a un mayor consumo de redes e internet en México, sin freno y con nula alfabetización mediática.
Estos dos casos deberían alertar al país pero dejan de ser nota cuando el entorno nos ha acostumbrado a normalizar la documentación de miles y miles de muertos un día tras otro. Este tipo de violencia extrema, sin embargo, es muy distinta a la que vimos con los cárteles. Se añade a ésta como un factor de ambigüedad que deja más preguntas que respuestas.
El reporte Diverting Hate. Misogynistic Extremism, The Manosphere, and Mainstream Social Media se encuentra aquí
La nota del portal Aristegui Noticias sobre los hechos en la preparatoria de Michoacán se encuentran aquí:
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