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La nueva voz del conflicto: ¿Quién es dueño de una voz generada por inteligencia artificial?

  • 5 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

El debate que está transformando la música, la ley y el concepto mismo de identidad sonora



Por. Dra. Andrómeda Martínez Nemecio

 

La música siempre ha sido territorio de innovación: del vinilo al streaming, de los sintetizadores al autotune. Pero ningún cambio ha sido tan disruptivo —ni tan polémico— como la llegada de la inteligencia artificial capaz de replicar voces humanas con precisión quirúrgica. En 2025, los softwares de clonación vocal han convertido lo imposible en cotidiano: canciones nuevas con la voz de artistas fallecidos, duetos inexistentes y covers hiperrealistas que suenan tan auténticos que ni el propio artista podría distinguirlos.

En medio de esta revolución tecnológica surge una pregunta urgente, incómoda y profundamente necesaria:¿Quién es dueño de una voz generada por IA?


Un debate que crece al ritmo del algoritmo

Desde que modelos como Sunyo Voice, ElevenLabs o OpenAI Voice Engine se popularizaron, la industria musical se enfrenta a desafíos éticos y legales sin precedentes. En TikTok y YouTube aparecen a diario canciones “nuevas” con voces clonadas de Bad Bunny, Rosalía, Frank Ocean o Ariana Grande. Algunas se viralizan al punto de alcanzar millones de reproducciones antes de ser retiradas por copyright.


Para los usuarios, son experimentos creativos.Para los artistas, una invasión directa a su identidad.Para las disqueras, un nuevo campo de batalla legal.


La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) lo señala como “el problema emergente más urgente en la música contemporánea”. Y no es exageración.


¿La voz puede tener dueño? La ley dice que sí... y no

Hasta hace poco, la legislación internacional protegía la obra, no al intérprete como entidad digitalizable. Hoy, esa frontera se desdibuja. La voz es un rasgo biométrico, un elemento tan íntimo como el rostro o las huellas digitales.


Pero aquí viene el vacío legal:

  • Las leyes de copyright no fueron diseñadas para proteger voces artificialmente generadas.

  • La voz no es un “archivo” registrable, aunque sí un atributo personal protegido.

  • La imitación vocal ha existido siempre, pero nunca a este nivel de realismo.


En países como Estados Unidos avanza una propuesta llamada "No Fakes Act", que busca prohibir la clonación de voz y apariencia sin consentimiento. México analiza reformas similares en materia de derechos de imagen digital.


El problema: la tecnología avanza más rápido que la ley.


Cuando la IA desafía la identidad artística

El caso más emblemático ocurrió cuando un usuario bajo el seudónimo “Ghostwriter977” publicó una canción completamente falsa que imitaba las voces de Drake y The Weeknd mediante herramientas de inteligencia artificial capaces de generar la base musical, la letra y la interpretación vocal. El tema, titulado “Heart on My Sleeve”, se difundió como si se tratara de una colaboración inédita entre ambos artistas y rápidamente apareció en plataformas como Amazon Music, Spotify, Apple Music, Tidal, Deezer y SoundCloud. El impacto fue tan grande que los servicios de streaming tuvieron que retirar la canción después de confirmarse que no había sido creada por los artistas, sino generada por un modelo computacional que replicaba sus voces con enorme precisión.


La industria se dio cuenta de que las plataformas no estaban preparadas para distinguir una creación legítima de un deepfake musical.


La pregunta entonces cambió:¿Un artista debería tener derecho exclusivo sobre la versión digital de su voz?


Para algunos expertos, sí.Para otros, ese control podría inhibir la creatividad y la experimentación.


La industria se reorganiza: contratos, permisos y la era del “licensing vocal”

Cada vez más artistas incluyen en sus contratos cláusulas de:

  • Uso no autorizado de su voz digital.

  • Prohibición de entrenamiento de IA con sus interpretaciones.

  • Derechos de explotación comercial de su clon vocal.


La figura que empieza a emerger se llama licencia vocal, que permitiría a un músico autorizar legalmente que su voz sea usada por IA, con fines comerciales o artísticos.


Expertos en entretenimiento comparan este fenómeno con la llegada del sampling en los 80: algo que comenzó como rebelión terminó regulado, monetizado y normalizado.


Un nuevo género musical: la creatividad aumentada


No todo es conflicto. Para muchos creadores independientes, la IA ha democratizado la producción musical. Ahora es posible:

  • Hacer duetos imposibles.

  • Recrear voces históricas para fines educativos.

  • Explorar sonidos que nunca existirían en la vida real.

  • Componer sin necesidad de equipos costosos.

Por eso, algunos defienden la IA como una herramienta artística, no una amenaza.


¿Y qué deberían saber los estudiantes de comunicación y periodismo?

Este tema es una oportunidad perfecta para que los alumnos desarrollen artículos serios, críticos y fundamentados, ya que reúne cuatro dimensiones claves:

1. Dimensión Tecnológica

Explicar cómo funcionan los modelos de clonación vocal, qué necesitan para aprender y cuál es su margen de error.

2. Dimensión Ética

¿Es moralmente aceptable usar la voz de alguien sin permiso?¿La IA diluye la autenticidad artística?

3. Dimensión Legal

¿Qué leyes existen?¿Qué vacíos siguen sin resolverse?¿Cómo se regula la voz como atributo íntimo?

4. Dimensión Cultural


¿Cómo cambia nuestra idea de autor, intérprete y originalidad?¿Será normal escuchar canciones de IA en el futuro?


Abordar estas dimensiones ayuda a construir artículos sólidos y bien argumentados, ideales para revistas digitales, reportajes, podcasts o contenidos audiovisuales.

 

La inteligencia artificial no solo está transformando la música: está cuestionando los cimientos mismos de lo que entendemos por identidad, autoría y creación artística. Al intervenir en algo tan profundamente humano como la voz, la tecnología nos obliga a replantear marcos legales, principios éticos y formas de producción cultural que durante décadas dimos por sentadas. La pregunta “¿quién es dueño de una voz generada por IA?” permanece abierta porque su respuesta requiere diálogo, regulación y reflexión colectiva.


Lo cierto es que ingresamos a una etapa inédita donde la voz —física, digital y algorítmica— se convertirá en uno de los territorios más disputados entre la innovación y la protección de los derechos individuales. Para periodistas, comunicadores y estudiantes, comprender este fenómeno no solo es una necesidad académica: es clave para interpretar los desafíos culturales del presente y anticipar los debates que definirán el futuro de la creatividad humana.

 


 

 

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