Del capital digital al capital vinculante: redes sociales como arquitectura del lazo en la sociedad contemporánea
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De la conexión al compromiso
En la era de la hiperconectividad, donde las redes sociales han colonizado nuestros hábitos, emociones, rutinas y modos de relacionarnos, resulta crucial detenernos a pensar más allá del consumo, más allá del algoritmo, más allá del “scroll”. ¿Qué tipo de capital se está construyendo en el tejido digital contemporáneo? ¿Qué vínculos se están transformando o erosionando? ¿Qué ética, qué comunidad, qué narrativas surgen de las pantallas encendidas?
Estas preguntas son el punto de partida del capítulo “Redes sociales: del capital digital al capital vinculante”, un texto que propone una lectura crítica, antropológica y estructural sobre el impacto cultural de las redes sociales en México. Firmado por el Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo —comunicólogo, pensador y fundador del Human & Nonhuman Communication Lab—, el texto se aleja de las simplificaciones tecnófilas o tecnofóbicas y plantea una cartografía compleja del ecosistema digital.
El consumo digital en México: un cambio estructural
El autor comienza señalando que el consumo digital en México no puede comprenderse sin considerar los grandes cambios estructurales del país: la urbanización, el envejecimiento poblacional, el acceso desigual a servicios básicos, la fragmentación familiar y la masificación de dispositivos móviles. En este nuevo paisaje sociotécnico, la industria mediática ha tenido que reconfigurar sus modelos de negocio, adoptando una lógica de “mediatización líquida”, centrada en la atención, el tiempo y la hiperpersonalización de los contenidos.
Según datos recuperados en el texto (INEGI, AMIPCI, World Internet Project), la penetración de internet en México creció exponencialmente desde mediados de los años 2000. Plataformas como Facebook, YouTube, Google y WhatsApp dominaron el mercado, y fenómenos como el “always on” —la disponibilidad permanente en redes— se convirtieron en norma, especialmente entre jóvenes de entre 12 y 34 años.
¿Capital digital o capital vincular?
El concepto clave del artículo es la transformación del capital digital —entendido como el acceso, habilidades y usos tecnológicos— en un capital vinculante, es decir, en un conjunto de prácticas, narrativas y afectos que refuerzan o erosionan los lazos sociales, culturales, simbólicos y políticos en los que vivimos.
Para Hidalgo Toledo, el reto no está solo en medir cuántas horas pasamos en línea, ni qué plataformas usamos, sino en preguntarnos qué tipo de vínculos generamos en ese tiempo: ¿son vínculos que nos acercan al otro, que tejen comunidad, que fortalecen el sentido compartido?, ¿o son vínculos líquidos, frágiles, encapsulados en la lógica del like, del trending topic, del performance identitario?
Este enfoque permite desplazar el análisis desde una perspectiva instrumental (las redes como herramientas) hacia una mirada relacional (las redes como estructuras de sentido).
La desaparición del cuerpo y la construcción del yo digital
Uno de los pasajes más provocadores del capítulo se centra en la desaparición simbólica del cuerpo en los entornos digitales. En el ecosistema de redes sociales —donde prima la imagen retocada, la pose curada, el filtro que enmascara— el cuerpo se vuelve interfaz, y el yo se vuelve mercancía. Así, se configuran nuevas formas de subjetividad marcadas por la ansiedad de visibilidad, la lógica del espectáculo y la dependencia del algoritmo.
El Dr. Hidalgo alerta sobre los riesgos de este fenómeno, especialmente entre jóvenes: la despersonalización, la pérdida de sentido de comunidad, la fragilidad emocional y la dificultad para construir un yo auténtico y encarnado. El “capital vinculante” solo puede existir —sugiere el autor— si recuperamos la densidad del otro, la corporalidad del encuentro, la ética de la presencia.
Hiperconectividad y cultura de la participación: ¿más ciudadanos o más consumidores?
El texto también examina el discurso dominante que asocia redes sociales con empoderamiento ciudadano. Si bien es cierto que las plataformas digitales han abierto espacios de expresión, denuncia y organización (como lo muestran casos como #YoSoy132 o los feminismos digitales), también han fomentado una cultura de la participación superficial, mediatizada por algoritmos que premian el ruido por encima del pensamiento crítico.
Para el autor, la cultura de la hiperparticipación puede terminar generando una ilusión de agencia, donde el ciudadano se convierte más en “usuario” que en sujeto político. El capital vinculante, por tanto, no se da por default en la red; requiere diseño ético, alfabetización digital crítica, y una revalorización del encuentro cara a cara como espacio político insustituible.
¿De qué tipo de comunidad hablamos?
Una de las contribuciones más sugerentes del capítulo es la idea de que las redes sociales no son comunidades en sí mismas, sino estructuras potenciales de comunidad. El capital vinculante, para existir, necesita intencionalidad, reciprocidad, horizontalidad, narrativa compartida. En cambio, muchas de las prácticas en redes hoy están marcadas por el ego-performance, el narcisismo digital, la competencia por la atención y la fragmentación del discurso.
Frente a esto, el autor propone pensar una ética del vínculo, que se base en el reconocimiento del otro, en la lentitud del diálogo, en la construcción de sentido común. No se trata de romantizar el pasado pre-digital, sino de asumir que la tecnología no puede reemplazar la experiencia del lazo humano.
Hacia un humanismo digital
El capítulo culmina con un llamado a repensar las redes no como lugares de evasión o entretenimiento, sino como espacios de reconstrucción ética, política y cultural. El verdadero capital no es el número de seguidores ni la viralidad del contenido, sino la capacidad de generar vínculos significativos, duraderos, transformadores.
Hidalgo Toledo sostiene que el futuro digital de México y América Latina dependerá menos del acceso tecnológico y más de la calidad de las relaciones que se tejan en y a través de la tecnología. Se requiere, por tanto, una nueva pedagogía del lazo, una reconfiguración de la mediación, una reapropiación de la tecnología con rostro humano.
Este texto no es un diagnóstico pesimista ni una apología tecnofílica. Es, más bien, una cartografía crítica del presente, una brújula para navegar los dilemas éticos, culturales y sociales que la era digital ha traído consigo. En tiempos de polarización, infoxicación y soledad en red, el capital vinculante se vuelve una tarea urgente.
El artículo interpela a comunicadores, educadores, tecnólogos, diseñadores, padres de familia, activistas y ciudadanos en general: ¿qué tipo de vínculos estamos construyendo en el entorno digital?, ¿cómo hacer de las redes espacios para el cuidado, el reconocimiento y el sentido?, ¿cómo reaprender a convivir en la era de la interfaz?
📘 Te invitamos a leer el capítulo completo en el libro Redes sociales digitales: nuevas prácticas para la construcción cultural, coordinado por Sandra Flores Guevara.




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