Sora. La verdadera razón por la que OpenAI anunció su cierre
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Por Eduardo Portas Ruiz // Profesor investigador del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA) de la Universidad Anáhuac México
Apenas el 15 de febrero del 2024 OpenAI, creadores de ChatGPT, lanzaron su aplicación de video Sora. Unos meses después, el 30 de septiembre del 2025, salió Sora 2. El 24 de marzo de 2026, vía su cuenta de X, la compañía anunció que dejaría de soporte tanto a la app como a su API, lo que es sinónimo de muerte digital Silicon Valley.
Pero ¿por qué mató OpenAI a Sora? Sin tener datos oficiales es difícil comparar su éxito contra otros desarrollos como Veo de Google, o Seedance, de gigante chino ByteDance. Aquellos que usamos Sora, sin embargo, sabemos que funciona. Tal vez no era la aplicación perfecta, pero su practicidad es incontestable. Tampoco fue por reconocimiento de marca. Es difícil nombrar a otros productores de video sintético tan poderosos como estos tres.
No. El problema de OpenAI fue mucho más prosaico. Por cada video que los usuarios le pedían, la compañía gastaba más en producirlo que lo que cobraba. Ademas, la prueba inicial de 25 créditos Sora — cielo o firmamento en Japonés— da para experimentar un buen rato con la app. Otros 25 créditos costaban en México 100 pesos.

OpenAI decidió que ese el retorno de inversion sería imposible con esta aplicación. Su objetivo fue llano: “Convierte tus ideas en videos con movimiento y sonido hiperreales”, de acuerdo con su publicidad oficial. Y un buen número de personas así lo hizo, pero nunca para alcanzar el punto de equilibrio.
Además está lo obvio: no todas las personas son lo suficientemente claras para conseguir videos creativos mediante lenguaje natural. Sora obliga al usuario a expresarse de la manera más sintética posible para conseguir exactamente lo que quiere, lo cual lleva con frecuencia un baile de adelante-atrás que puede llevar horas o días. La solicitud se hace, la máquina lo interpreta y después el usuario espera varios minutos. A veces se obtiene exactamente lo solicitado, otras veces no, lo que implica empezar desde cero de nuevo.

Este mecanismo poco eficiente quemó miles de millones de dólares en las cuentas de OpenAI. Cada una de estos videos sintéticos requiere mucho mayor poder de procesamiento que, por ejemplo, un texto de 500 palabras creado en ChatGPT. La generación de video hiperrealista demanda una capacidad de cómputo (GPUs) masiva.
¿Qué tan masiva? De acuerdo con diversos medios especializados, Sora alcanzó su punto máximo en noviembre de 2025, logrando 3.3 millones de descargas mensuales en la App Store y Google Play. Para febrero de 2026, las descargas cayeron drásticamente a 1.1 millones.

Es decir, a pesar del ruido mediático, la retención de usuarios diarios fue baja. Muchos probaron, pero pocos se quedaron. Se especula que, como se dijo arriba, frecuentemente los largos tiempos de espera y los costos de generación.
Se estima que en su momento de mayor auge se generaban entre 150,000 y 200,000 videos diarios a nivel global. Por cada uno de esos videos, OpenAI gastó varios dólares en energía y uso de GPU, mientras que el ingreso por usuario no cubría ni una fracción de ese gasto.
Algunos reportes indican que OpenAI facturó apenas 2.1 millones de dólares en toda la vida del producto, una cifra insignificante comparada con los miles de millones invertidos en infraestructura. Un hoyo negro financiera.
Así que, en apenas un trimestre del año, OpenAI hizo el cálculo y vio que el panorama era poco alentador. Mejor dejar el barco antes de que se hunda más. Y el golpe de timón fue bastante natural.
Ahora, OpenAI busca priorizar recursos en IA de razonamiento, agentes autónomos y robótica, alejándose del entretenimiento y el contenido viral. Todo indica que la competencia de Anthropic en el sector empresarial y el auge de deepfakes/problemas de derechos catalizaron el cierre de Sora.
Ni la inversión de mil millones de dólares por parte de Disney fue suficiente. Los usuarios iban a poder usar a 200 personas de la compañía. Todo quedó en papel.

En pocas palabras, el cierre se percibe como el primer gran fracaso comercial de un producto estrella de OpenAI, marcando un posible fin a la "burbuja" del video generado por IA sin un modelo de negocio claro.
Más que un fracaso, sin embargo, el cierre anunciado fue un ambicioso experimento que probó las capacidad creativa a nivel masivo. OpenAI aprendió que solo un grupo pequeño de personas puede producir video realmente atractivo. El 99% de los demás simplemente prefiere consumirlo. La máquina de deepfakes cortos llamada Sora produjo una radiografía detallada: cuando se trata de entretenimiento, solo un grupo muy pequeño de personas tienen las suficiente habilidad para viralizar su contenido.
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Las noticias sobre Sora se pueden ver en el portal de OpenAI:
El anuncio de Sora 2 puede consultarse aquí:
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