Ser en mediación: la semántica de lo humano en la era algorítmica
- 19 ene
- 4 Min. de lectura

Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo
Human & Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac México
Hombres, medios y mediación comparten una misma historia. Existe una antropogénesis sustentada en el proceso mismo de semantización de la realidad. Desde el origen del hombre, los medios le han acompañado, le han permitido distinguirse del resto de las especies. Mediar el mundo es en el fondo, comprenderse a uno mismo.
La historia humana no puede narrarse sin la trama densa de las mediaciones que la sostienen. Antes de toda escritura, antes incluso del lenguaje articulado, el gesto técnico (la piedra tallada, el fuego domesticado, la huella sobre la pared) inauguró un modo de estar en el mundo que no se limitaba a la supervivencia biológica, sino que abría la posibilidad de sentido. La técnica fue, desde el inicio, una semántica en acto: un modo de decir el mundo mientras se lo transformaba.
Los sistemas tecnológicos y mediáticos no emergen, por tanto, como prótesis externas añadidas a una naturaleza humana ya completa. Son, más bien, expresiones de una incompletud constitutiva. El ser humano necesita codificar, narrar, intercambiar significados para existir simbólicamente. Como señala Bernard Stiegler, la técnica no es un accidente de la humanidad, sino su condición misma de posibilidad histórica: una exteriorización de la memoria que permite la acumulación y transmisión de experiencia.
El proceso civilizatorio inició cuando la vida fue instrumentalizada no para reducirla, sino para expandirla. Acortar distancias, compactar tiempos, modelar el entorno: cada herramienta fue una mediación que reconfiguró la percepción del espacio, del tiempo y del otro. Manipular la realidad no solo significó dominarla, sino apropiarla simbólicamente. En esa apropiación se gestaron patrones de significación compartidos: saberes, mitos, relatos, técnicas y valores que llamamos cultura.
La comunicación aparece aquí no como un simple intercambio de información, sino como una dimensión ontológica. Comunicar es producir mundo. Es volver inteligible la experiencia, dotarla de contexto y continuidad. Hannah Arendt advertía que la acción humana sólo adquiere sentido cuando es narrada; sin relato, la vida se disuelve en el anonimato del acontecimiento efímero.
Comunicar, entonces, es preservar la vida más allá de su duración biológica; es garantizar su posibilidad de trascendencia.
Desde esta perspectiva, ser en el mundo es ser en los medios. No porque los medios sustituyan la experiencia, sino porque la hacen compartible, interpretable, habitable.
Las mediaciones no son meros canales: son infraestructuras de sentido. Sonia Livingstone lo ha señalado con precisión al afirmar que los medios operan como una capa subyacente (visible e invisible a la vez) sobre la cual se organizan prácticas, emociones y rutinas de la vida contemporánea.
La digitalización radicalizó esta condición. La virtualización del mundo otorgó al sujeto una forma inédita de omnipresencia electrónica, distribuida en pantallas, interfaces y dispositivos inteligentes. La vida mediática se volvió móvil, convergente, ubicua, aumentada. Ningún acto cotidiano queda al margen de su paso por sistemas de mediación. La experiencia se registra, se archiva, se comparte, se traduce en datos.
Es en este punto donde la inteligencia artificial introduce una inflexión decisiva. Si las tecnologías anteriores ampliaban la memoria, la percepción o la velocidad, la IA comienza a intervenir en el proceso mismo de semantización. Algoritmos que clasifican, predicen, recomiendan y generan lenguaje participan activamente en la construcción de sentido. No sólo median el mundo: lo preinterpretan.
Esta condición abre un dilema profundo. Por un lado, la IA puede potenciar la capacidad humana de comprender sistemas complejos, de reconocer patrones invisibles, de ampliar horizontes cognitivos. Por otro, corre el riesgo de estandarizar la experiencia, de reducir la ambigüedad constitutiva del sentido a correlaciones estadísticas. Byung-Chul Han advierte que la hiperpositividad de los datos elimina el espesor narrativo de la experiencia, sustituyendo el relato por el cálculo.
La pregunta ya no es únicamente qué comunican los medios, sino cómo se produce hoy el significado cuando intervienen sistemas no humanos en la mediación. Si cada tecnología es un medio de comunicación y cada mediación una fabricación simbólica de la vida, entonces la inteligencia artificial se convierte en un nuevo actor semántico. Tecnología y vida siguen siendo un mismo sistema de expresión simbólica, pero ahora compartido con entidades algorítmicas.
Comprender la comunicación en este escenario implica asumir una ética de la mediación. No toda automatización del sentido es neutra. Los sistemas que organizan la visibilidad, la memoria y la atención modelan subjetividades, jerarquizan relatos y configuran imaginarios.
De ahí la urgencia de una alfabetización crítica que no se limite al uso técnico, sino que interrogue las condiciones de producción de significado en ecosistemas inteligentes.
La historia del hombre ha sido, en efecto, la historia de sus mediaciones. Hoy esa historia entra en una fase en la que lo humano y lo no humano co-producen mundo. Entender esta transición no es un ejercicio académico accesorio: es una tarea existencial. Porque en la manera en que decidamos mediar la vida (con qué tecnologías, bajo qué valores, con qué límites) se juega la actualización misma del sentido de existir.
La digitlización y virtualización del mundo dotó al hombre de una condición de omnipresencia electrónica materializada en pantallas y dispositivos. Los medios como lugar de encuentro con el otro, como reubicación del sentido comunitario, como necesidad expresiva de comunión, desmitifican a los propios medios. La vida mediática se ha vuelto inalámbrica, móvil, transmedia, convergente y aumentada. La complejidad social y cultural está envuelta por los medios y ningún momento de la vida diaria puede omitir su paso por ellos. Por tanto, entender la comunicación es entender al hombre, su evolución y lugar en el mundo. Es actualizar el propio significado de la vida.




Comentarios