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Nombrar la “locura” entre el DSM-5, la experiencia vivida y la obra literaria

  • hace 1 día
  • 1 Min. de lectura

Dra. Velebita Koričančić



Partiendo de que la “locura” es una categoría sociohistórica y culturalmente construida, ¿cómo encerrar una experiencia psíquica compleja al traducirla a un manual clínico? El DSM-5, manual diagnóstico y estadístico de los padecimientos mentales, organiza ciertos cuadros a partir de descripciones como delirios, alucinaciones o lenguaje desorganizado, entre otras, con el fin de orientar la práctica clínica. Aunque este marco resulta útil en contextos psiquiátricos, no agota lo que implica atravesar esas experiencias. Cuando el diagnóstico clasifica, no siempre alcanza a dar cuenta de la complejidad subjetiva de vivirlas.


La escritura literaria, en cambio, pone en evidencia los límites del discurso clínico, como lo muestra Esmé Weijun Wang en The Collected Schizophrenias (2019), libro ganador del Graywolf Press Nonfiction Prize y bestseller del New York Times. En su ensayo autobiográfico, Wang explora el vocabulario diagnóstico con y contra la experiencia vivida. Su escritura insiste en que las categorías psiquiátricas nombran, ordenan e interpretan la experiencia, pero no logran abarcarla por completo. Son dos modos de dar sentido a la “locura”: mientras el lenguaje clínico busca estabilizar, la literatura se detiene en lo ambiguo, en lo singular y en aquello que desborda las taxonomías. Así, frente a la “desorientación cognitiva”, Wang recurre a metáforas para expresar la vivencia de sentirse “psíquicamente perdida en una habitación en penumbra”.


Desde los estudios críticos sobre la diversidad funcional, la obra de Wang sugiere que el manual psiquiátrico y la escritura literaria entran en tensión productiva. Leerlos en relación invita a acercarse a la experiencia de la “locura” de una manera más matizada, porque incluso cuando se la nombra, sigue sin dejarse capturar del todo.



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