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Señalética urbana: “CUIDADO” y el diseño desigual del acceso frente a capacidades corporales diferentes

  • hace 19 horas
  • 2 Min. de lectura

Dra. Velebita Koričančić

 

La palabra “CUIDADO”, pintada en amarillo sobre una banqueta, organiza una deixis visual: señala un “aquí” y dirige la atención hacia un punto del trayecto. El desgaste de la pintura y las grietas del concreto impiden leer la inscripción de manera abstracta: el suelo participa en el mensaje, mientras que la señal registra una condición material del espacio urbano. En términos semánticos, esta inscripción funciona como advertencia, aunque no especifica su objeto de referencia; su sentido se completa en relación con el entorno.


Desde la comunicación visual urbana, la señal responde a una lógica de lectura en movimiento. Está hecha para percibirse al paso, captar la atención y modificar la conducta. Pintada en el suelo, obliga a bajar la mirada, ajustar el ritmo y cuidar el siguiente paso. Así, activa un estado corporal de alerta. Esa organización de la atención tiene una dimensión política: mirar hacia abajo redistribuye la atención. Además, el imperativo “cuidado” presupone un cuerpo capaz de reaccionar con rapidez.


Pero no todos los cuerpos disponemos de ese margen de maniobra. Para las personas con movilidad reducida, una irregularidad del pavimento es un obstáculo material. Allí aparece el límite del aviso: exige que nos adaptemos, pero no elimina las barreras; solo traslada la responsabilidad hacia quienes transitamos. La señal individualiza el riesgo y presupone un sujeto adaptable, con lo que invisibiliza la desigual distribución de las capacidades corporales de respuesta. Desde esta perspectiva, la banqueta es una infraestructura donde se pone en juego el derecho a la ciudad: nuestras posibilidades de desplazarnos, acceder, habitar y permanecer.


“CUIDADO” opera como un parche discursivo: como si bastara con la atención individual, en lugar de resolver las condiciones materiales que propician esta situación desigual. Así, el cuidado recae sobre el cuerpo que circula. La pregunta, entonces, se complejiza: de “¿cuidado de qué?” a “¿quién puede transitar sin convertir cada paso en una tarea de alerta constante?” Y más aún: ¿qué ciudad se produce cuando el cuidado se enuncia en lugar de integrarse al diseño del espacio público?


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