El tag en el grafiti: la firma que hace público un nombre
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Dra. Velebita Koričančić
En el grafiti, el tag es la forma más directa de hacerse visible: una firma que reaparece en el espacio urbano. Es el gesto mínimo de inscripción: escribir un nombre para que la ciudad lo registre. Ese nombre funciona como marca de autoría, bien sea individual o de crew. Lo central es que atribuye presencia: permite reconocer a quien lo traza y sostener una identidad. Por eso el tag es un acto de escritura pública.
Aparece donde se circula y se mira: muros, cortinas metálicas, puentes, vagones, etc. Lo cotidiano se vuelve soporte de comunicación. Aunque breve, el mensaje concentra sentido: señala un recorrido y, a veces, afirma un desafío. El nombre queda como huella.
En el grafiti contemporáneo, la práctica del tagging se volvió cultura. La firma no solo dice quién, sino también cómo: el estilo de las letras, la velocidad del trazo, la consistencia, la repetición y el lugar elegido. Así, la ciudad opera como un archivo público de escrituras, estable o cambiante, legible o críptico, individual o colectivo. Pero conserva su función: convertir la identidad en intervención y dejar rastro en el espacio compartido.




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