Investigación sobre grafiti y arte callejero: crítica a la “tragedia de los comunes” (Hardin, 1968)
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Dra. Velebita Koričančić
Desafortunadamente, hay sectores sociales e institucionales que todavía consideran que los bienes comunes se deterioran cuando no hay una autoridad que regule su uso. En el caso del grafiti y del arte callejero, esta perspectiva se refleja en los intentos de criminalizar estas prácticas urbanas o reducirlas a ruido o contaminación visual. Tal argumento se relaciona con “La tragedia de los comunes” (1968) de Garrett Hardin, un texto influyente que afirma que ciertos recursos compartidos, especialmente aquellos de acceso abierto y sin regulación explícita, tienden a la sobreexplotación bajo una lógica de beneficio individual.
Trasladada al espacio visual público, la “tragedia de los comunes” ayuda a entender por qué las instituciones tienden a ver las intervenciones urbanas no autorizadas como una amenaza a su idea del orden. Sin embargo, aquí hay un problema: se considera que el espacio común es solo una superficie pasiva que necesita una autoridad externa para preservarse. Pero la calle no opera así. Existen contratos sociales distintos a los institucionalizados; hay códigos entre crews o individuos, jerarquías de prestigio, pugnas por ciertos muros, temporalidades de las piezas, reconocimientos territoriales y negociaciones entre diferentes actores sociales.
Desde una perspectiva crítica, el grafiti y el arte callejero invitan a reflexionar sobre los discursos de control y vigilancia que buscan autolegitimarse y reproducirse, mientras dejan de lado las dimensiones políticas, simbólicas y estéticas que también forman parte de la vida.
