La irrupción de los “atencionistas”
- 16 ene
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Por Eduardo Portas Ruiz // Profesor investigador del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA) de la Universidad Anáhuac México
En X: @EduPortas
El sistema muestra fatiga. La economía de la atención se acerca a su apex. Cada segundo, cada intersticio de segundo, a decir verdad, es monetizado en nuestro ecosistema digital moderno.
Pero todo lo que sube debe bajar.
Esta semana me sucedió algo que, apenas hace unos años, nadie hubiera creído. Al iniciar este semestre agregué una dinámica a mis cursos universitarios.
Al inicio de la clase, paso con una caja de cartón que llamé “cell box” para que mis alumnos, por su propia voluntad, coloquen sus teléfonos celulares en ella. El objetivo es obvio. Poner más atención al profesor para que la clase sea más diálogo y menos toma de notas. Yo mismo coloco mi móvil en la caja negra de cartón.
Frente a todo pronóstico, cinco alumnos metieron su dispositivo digital a la “cell box”. En treinta semestres continuista de dar clases jamás había visto ese cambio. Sucedió algo así como un efecto dominó: cuando uno de los alumnos soltó su teléfono, otros le siguieron. Un efecto cascada positivo. Ninguno de ellos buscó su dispositivo a lo largo de los 90 minutos de la sesión.
Cabe aclarar que hice el mismo ejercicio con otro grupo. Yo mismo puse mi celular, pasé con la caja entre los pasillos del aula, y amablemente les pregunte si alguien quería hacer lo mismo. Nadie.

Pero en el segundo grupo hubo una energía distinta, algo sorprendente, considerando que es la misma materia, a la misma hora, pero en otro día de la semana, con alumnos que están por graduarse.
Sirva esta anécdota para ilustrar el tema de hoy. Cada vez es más común escuchar personas que, desde muy particular entendimiento, luchan por consagrar su atención al mundo físico y alejarse de la pantalla, particularmente la del celular.
Esta búsqueda de regresar a ver al otro en el mundo real podría englobarse en lo que denominaré “los atenciónistas”. Son personas que han tenido suficiente golpeteo de las pantallas en los últimos años y decidieron ponerle fin a su esclavitud celular. Una acción radical cuando se asume que el dispositivo móvil es la principal entrada a las solicitudes que se hacen sobre el individuo en cuanto a su mundo laboral y personal.

Para este grupo, pequeño aún, la atención no es algo que deba monetizarse, sino dedicarse al Otro. A pasar tiempo con un grupo de personas que han hecho de ese momento especifico de tiempo un acto especial para dedicarle su atención al que está frente a ellos o bien compartir una experiencia comunal desprovista de pantallas.
Los espacios en donde se puede hacer esto son escasos: ritos vinculados a la religión, el salón de clase (idealmente), una comida o reunión especial con alguien que requiere nuestra atención absoluta, así como uno o dos espacios liminales en donde la prohibición celular es tajante, como los controles de seguridad de un aeropuerto, por ejemplo.
La atención, es pocas palabras, no está para ser explotada, sino para voltear a ver al Otro desde la propia subjetividad sin mediación digital, algo que, tristemente, cada vez menos personas logran hacer.
Un grupo de atenciónistas se hace llamar “Friends of Attention” y proponen, en breve, lo que he dicho arriba. No son Neo-luditas. No están en contra de la tecnología, pero conocen los límites de esta y admiten que las sociedades occidentales modernas han perdido la batalla contra un puñado de titanes comerciales que absorben la vida de millones de seres humanos todos los días. Aunque la tendencia venía desde mediados de la década pasada, la pandemia Covid-19 detonó un mundo en donde la existencia se hace imposible sin un teléfono celular, lo cual ha sido perjudicial, en gran parte, para millones de individuos que no cuentan con la alfabetización mediática suficiente para resistir las interrupciones que notificaciones digitales que bombardean sus horas de vigilia a cada minuto.
Algunas frases del manifiesto de los “Friends of Attention”:
“La atención verdadera permite que florezcan y prosperen las potencialidades latentes en nuestras relaciones y encuentros, que a menudo sucumben de inmediato al peso de lo cotidiano y a la hegemonía de lo que hemos decidido que existe y requiere atención.Alimenta las formas tácitas de ser-con-el-otro que surgen de lai nteracción humana y son constantemente interrumpidas”.
Y después:
“Nuestra atención nunca ha sido tan libre ni tan continuamente cautiva(da). Nuestros entornos atencionales son, por ende, catastróficos. La atención verdadera está fundamentalmente en peligro de extinción”.
Y un párrafo más de su manifiesto:
“Escapar de nuestra pesadilla atencional no será fruto de un evento único. El ejercicio de una atención más verdadera requiere forjar espacios en el mundo donde pueda sobrevivir y prosperar —nuevos entornos—. Esto puede concretarse de manera literal, a través de la creación de espacios que faciliten nuevas vías de encuentro, pero también requiere que fortalezcamos la relación entre nuestra vida interior y exterior. Compartir nuestras experiencias sensoriales con otros es una forma de reintegrar un mundo fracturado. Un mundo, esto es, en el que la capacidad de pensar y desear por nosotros mismos se ve constantemente amenazada”.
Aquí una entrevista reciente con dos integrantes de este colectivo.
La rueda gira. El ciclo está por entrar a su fase de despresurización.
El sitio de los Friends of Attention se puede visitar aquí:
El manifiesto con las 12 tesis sobre la atención se encuentra aquí:
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