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Grafiti frente a la arquitectura hostil: protesta contra el urbanismo defensivo

  • 19 may
  • 3 min de lectura

Dra. Velebita Koričančić

Una reja metálica, alambre de púas, una banqueta estrecha, un letrero corporativo que anuncia la venta del terreno y una pared intervenida por grafiti condensan un conflicto político por el espacio público. En esta escena urbana, los dispositivos de la arquitectura hostil pretenden controlar el tránsito y excluir ciertos cuerpos. Frente a esa lógica de expulsión, el grafiti responde al ocupar la superficie. Al hacerlo, fractura el sistema semiótico de la calle y revela las pugnas entre propiedad privada, control inmobiliario y derecho a la ciudad.


Desde la perspectiva de los estudios culturales y la semiótica urbana, el paisaje cotidiano materializa discursos que pueden llegar a incidir en la exclusión social. Como lo explica la investigadora Marcela Roa Avella en “La arquitectura hostil o la exclusión de los cuerpos incómodos” (2025), el urbanismo defensivo ejecuta una violencia sistemática orientada a segregar y repeler del entorno común a las poblaciones consideradas “improductivas” o ajenas a las dinámicas del capital.

Etnografía visual: Rejas, alambre de púas y control urbano

Para abordar este fenómeno de comunicación urbana, la etnografía visual resulta fundamental: permite analizar la imagen como un campo de pugna material y simbólica. Bajo este lente metodológico, la fotografía que forma parte de esta investigación funciona como evidencia empírica del modo en que la calle desafía el control territorial. Es el registro de un instante de conflicto semiótico en la ciudad.


En la escena se observa un contraste. El entorno es hostil. Sin embargo, estos dispositivos son confrontados por la emergencia del grafiti mediante tags y bombas, también conocidas como throw-ups. La presencia de una persona caminando por la banqueta permite dimensionar la escala de esta violencia urbana: avanza junto a la reja, entre la ciudad común y el suelo privatizado. Es así como el diseño del urbanismo defensivo, al buscar proteger una propiedad privada, también orilla a la ciudadanía en su territorio. La materialidad urbana comunica esa exclusión social.

La sombra del alambre de púas como segunda reja sobre las pintas

A esta violencia se suma un fenómeno semiótico: la sombra que proyecta el alambre de púas recae sobre las pintas inferiores. Esa silueta actúa como una segunda reja, una jaula de luz y sombra con la que el dispositivo arquitectónico parece intentar cercar la intervención de la calle. No obstante, el volumen de las bombas de grafiti resiste esa proyección. Su pintura la absorbe. El cuerpo de sus letras emerge incluso bajo el peso visual que pretende confinarlas. En este punto, la imagen sugiere cómo la arquitectura hostil intenta imponer un control visual, mientras que el grafiti insiste en abrir zonas de interferencia.

El grafiti como resistencia frente al urbanismo defensivo

A través de este registro fotográfico de trabajo de campo, se observa cómo los cuerpos que la planificación urbana pretende expulsar e invisibilizar encuentran, sin embargo, una vía de resistencia. El grafiti se sitúa justamente en la grieta que abre la arquitectura hostil. Donde el diseño defensivo impone un límite para privatizar, la práctica del grafiti fractura esa voluntad de controlar un espacio público cada vez más privatizado.

La fuerza política del grafiti radica, precisamente, en su lógica de base: implica un quiebre de la normatividad. Desde una perspectiva semiótica, altera los códigos visuales y produce escrituras que pueden resultar indescifrables para las instancias que detentan el poder. Al intervenir la reja, el muro y las superficies de contención, el grafiti desestabiliza la visualidad impuesta por el sector inmobiliario.


Frente a la arquitectura hostil, el grafiti pone en evidencia el fracaso tecnocrático del control absoluto sobre las miradas, los cuerpos y los tránsitos urbanos. Mientras existan rejas, alambre de púas, cercos y dispositivos de urbanismo defensivo destinados a repeler cuerpos, las paredes seguirán funcionando como soporte de protesta ciudadana en el espacio público.

Referencia


Roa Avella, M. (2025). “La arquitectura hostil o la exclusión de los cuerpos incómodos”. Prolegómenos, 28(56), 9–12. https://doi.org/10.18359/prole.8079


Esta publicación es producto de la divulgación de la línea de investigación “Visualidades y materialidades urbanas en el espacio público”, de la Dra. Velebita Koričančić, en la que los fenómenos comunicativos se estudian en relación con los estudios culturales y la semiótica urbana.


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