El Espejo Fragmentado: Noticias, Confianza y Desafección Informativa en el México Digital
- 18 jun
- 4 Min. de lectura

Por: Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo, Human & Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac México
Cuando desconfiamos del espejo, ya no buscamos el reflejo, sino la distorsión que confirme nuestras sospechas.
Así parece ocurrir con el ecosistema informativo digital en México, una geografía mediática donde convergen desconfianza, fragmentación y prácticas evasivas del consumo noticioso. El Digital News Report 2025 del Reuters Institute & Universidad de Oxford, en su apartado dedicado a nuestro país, revela con crudeza los síntomas de una democracia informativa enferma de indiferencia, escepticismo y ruido algorítmico. Pero este espejo no es neutro: devuelve una imagen configurada por intereses económicos, desigualdades estructurales y una compleja relación entre ciudadanía, tecnología y verdad.
México: entre el hartazgo informativo y la supervivencia emocional
Los datos del informe son elocuentes: solo el 34% de los mexicanos confía en las noticias que consume, una caída de 4 puntos respecto al año anterior. La tendencia no es exclusiva de México, pero aquí adquiere un matiz de desilusión estructural: el 53% evita activamente las noticias, y dentro de este grupo, un 36% declara que le provocan ansiedad, tristeza o desesperanza .
Más que informar, las noticias se han convertido en detonantes de malestar emocional. Como si la realidad nacional –hecha de violencia, corrupción, desigualdad y polarización– resultara insoportable sin filtros. La ciudadanía mexicana no evade la información por apatía, sino por saturación afectiva. Aquí resuena el concepto de “dolor mediado” desarrollado por Susan Sontag, quien advirtió que la exposición continua a imágenes de sufrimiento puede derivar en insensibilización o cinismo. Lo que en México se traduce en una paradoja: más acceso a noticias, menos voluntad de entenderlas.
La geografía digital de la desconfianza
La televisión sigue siendo el medio más utilizado para informarse (56%), pero las redes sociales –particularmente Facebook, YouTube y WhatsApp– se consolidan como fuentes principales de noticias para un creciente número de usuarios. No obstante, son también los canales donde más se duda de la veracidad de la información. Solo un 21% de los encuestados confía en las noticias que circulan por redes sociales .
Se configura así una doble paradoja: las redes son el medio más consultado y a la vez el menos confiable. Esto implica un fenómeno comunicacional profundamente contradictorio: los mexicanos habitan entornos informativos que reconocen como inseguros, pero de los cuales no pueden (o no desean) salir.
Marshall McLuhan habría llamado a esto una “extensión de nuestras inseguridades”. Si en los años 60 advertía que el medio se volvía una prolongación del sistema nervioso, hoy podríamos afirmar que el algoritmo es una extensión del sistema afectivo: selecciona, sugiere y amplifica lo que emocionalmente ya nos perturba, polariza o consuela.
La sombra de la polarización y el periodismo desacreditado
El informe muestra que los mexicanos consideran a los medios noticiosos como demasiado alineados con intereses políticos (39%) o económicos (37%). Esta percepción genera un terreno fértil para el desencanto democrático. Ya no se trata solo de quién dice la verdad, sino de la creciente percepción de que “todos mienten según su agenda”.
Pierre Bourdieu ya lo advertía: los medios no solo producen información, también reproducen estructuras de poder simbólico. En México, donde el periodismo ha sido históricamente blanco de amenazas, censuras y presiones, esta dinámica se ha traducido en una crisis de legitimidad. No sorprende, entonces, que solo el 12% de los encuestados pague por acceder a noticias digitales . Cuando la confianza se evapora, el valor se desvanece.
¿Un nuevo contrato informativo?
El informe también revela que los jóvenes mexicanos –especialmente los de la Generación Z– muestran patrones distintos de consumo informativo: prefieren formatos visuales, breves y distribuidos en plataformas como TikTok o Instagram. Sin embargo, también son los que más desconfían de la veracidad de lo que consumen. Esta brecha entre forma y fondo plantea desafíos éticos y pedagógicos mayúsculos: ¿cómo formar sujetos críticos en entornos donde la narrativa se disuelve en una coreografía de segundos?
En este punto, cabe recordar a Byung-Chul Han, quien ha descrito la sociedad digital como una “sociedad del cansancio”, donde la hiperestimulación visual no produce más conocimiento, sino más dispersión. El sujeto contemporáneo –dice Han– “ya no sabe narrar, solo acumular datos”. En México, el riesgo es que la democracia también se vuelva una acumulación sin relato: fragmentaria, superficial, sin sentido colectivo.
Una tarea pendiente: reconstruir la confianza desde abajo
¿Puede revertirse esta tendencia? El informe señala algunas luces: iniciativas de periodismo local, comunitario y participativo han comenzado a recuperar la confianza de ciertos sectores. También destaca la importancia de una alfabetización mediática que no solo enseñe a identificar fake news, sino a desarrollar una relación emocional saludable con la información.
No basta con saber qué es verdad; es necesario querer saberlo. Y ese querer es una pulsión ética, estética y comunitaria. En un país donde el silencio ha sido históricamente impuesto por el miedo o la indiferencia, reconstruir el pacto informativo implica reaprender a escuchar, a narrar y a confiar.
Tal vez, en la era de la posverdad, la tarea más revolucionaria no sea verificar los hechos, sino sanar las emociones que los sostienen.
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