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La vida fuera del dato: identidad, inmersión y socialización en la era de la inteligencia artificial

  • hace 6 días
  • 4 Min. de lectura

Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo, Human & Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac México


Nuestra experiencia de navegación e inmersión diaria y permanente a través de múltiples medios, se ha vuelto más compleja e invasiva. En esa interlocución de los medios con nuestra vida, poco a poco han logrado escribir, grabar, almacenar, acceder, controlar, coleccionar y potenciar nuestra existencia.


La vida contemporánea se despliega como un archivo en permanente actualización. Habitamos un ecosistema donde cada gesto deja huella, cada desplazamiento se vuelve registro y cada emoción, potencial dato. La mediación ya no es un simple puente entre sujetos y mensajes: es la atmósfera misma donde la experiencia humana adquiere forma, valor y sentido. No se trata únicamente de tecnologías que acompañan la vida, sino de infraestructuras simbólicas que la escriben mientras ocurre.


En este paisaje emerge el homo signis digitalis: un sujeto que narra su vida en tiempo real, que la documenta, la edita y la comparte como si se tratara de un diario electrónico sin pausa. La curaduría del yo se vuelve una práctica cotidiana; no para recordar, sino para existir ante los otros. El sujeto hipermedial no sólo comunica: se convierte en maquinaria de producción informacional, en algoritmo doméstico que clasifica sus afectos, optimiza sus vínculos y exhibe su soledad con filtros de pertenencia.


La paradoja es nítida: nunca habíamos estado tan expuestos y, a la vez, tan encapsulados en la representación.


Esta vida mediada intensifica una vulnerabilidad estructural. Al convertirnos en mercancía digna de contemplación, la visibilidad sustituye a la presencia y el ser cede ante el ser visto. La conexión social opera como capital simbólico: pertenecer, acumular reconocimiento, equiparar o superar el estatus de los pares. La identidad se negocia en la superficie de las plataformas; allí donde la conexión y la desconexión son indoloras, reversibles y rápidas, la profundidad se vuelve prescindible. Vivimos en el montaje de nuestros vínculos.


Simulación, sustitución y representación se remezclan hasta disolver fronteras. La i-dentidad hipermedial es, en rigor, una base de datos: una grabación de estados de ánimo, habilidades, trayectorias y expectativas. Somos comunicación continua, flujos de información que describen atmósferas y performatividades.


Como señaló Marshall McLuhan, toda tecnología reconfigura la proporción de nuestros sentidos; hoy, esa reconfiguración se expresa en una identidad que fluye entre la acción, la grabación y la memoria, donde el médium y el fantasma comparten cuerpo.


En la sociedad de la información no existe vida fuera del dato. Todo se vuelve flujo: texto, imagen, sonido, audiovisual. La materialidad simbólica del lenguaje encarnado habita el código. Materialidad e inmaterialidad se asocian al mismo signo; creación y autocreación devienen condiciones ontológicas. Cuanto más proyectamos, más mimetizamos. En esta refracción del yo, el hombre se vuelve imagen y semejanza de la tecnología, y la tecnología, imagen y semejanza del hombre.


La inteligencia artificial profundiza esta dinámica. Ya no sólo registra: predice, correlaciona y sugiere. Aprende de nuestros rastros y, al hacerlo, los devuelve en forma de recomendaciones, rankings y narrativas personalizadas. La IA opera como un espejo que no refleja, sino que anticipa. En esa anticipación se juega un poder silencioso: orientar deseos, modular emociones, administrar tiempos de atención. Como ha mostrado Shoshana Zuboff, la captura de la experiencia humana se convierte en materia prima para mercados conductuales. La vida, así, depende de una sofisticada captura mediática.


Nuestra intimidad queda sujeta a contemplación e interpretación. Movimiento, monitoreo y conexión conforman un sistema remoto y permanente que naturaliza el panóptico bajo la estética del entretenimiento. La vida se vive como reality show: vigilada, cuantificada, evaluada. Y, sin embargo, en la pantalla la ilusión del yo es tan real como en el ámbito físico; también lo son las emociones y los conocimientos adquiridos. Los hipermedios hicieron tangible lo intangible: extendieron la memoria, la palabra y el aprendizaje; sincronizaron el ojo y ofrecieron comprensibilidad al mundo.


Como interfaz de nuestros flujos sentimentales, los medios resignificaron la existencia orgánica. Allí se teje una red de interacciones simbólicas que dota de sentido al mundo. La interfaz se vuelve eje de producción simbólica, metacódigo que hace fenómeno a lo real y lo vuelve interpretable. Territorio, prótesis y comunicación convergen. Pero la pregunta ética persiste: ¿quién gobierna ese metacódigo?


La respuesta no es técnica, sino cultural. Frente a la expansión de la IA, urge una alfabetización que no se agote en competencias instrumentales. Byung-Chul Han ha advertido sobre la psicopolítica de la transparencia y el rendimiento; hoy, esa advertencia se amplifica cuando los sistemas inteligentes convierten la vida en optimización permanente. Recuperar la densidad de lo humano implica reinstalar límites, opacidades y silencios; reintroducir la pausa en un mundo que premia la exposición.


La flexible materialidad del homo signis digitalis radica en flujos simbólicos y biológicos: los medios amplifican y moldean la vida entera; procesan códigos, protocolos y programas de nosotros en cualquier lugar y de modo instantáneo. La tarea no es huir de los medios (imposible), sino reaprender a habitarlos con dignidad. Una ética de la mediación que reconozca la potencia de la IA sin abdicar de la responsabilidad humana: custodiar la intimidad, rehumanizar el vínculo, devolver espesor al tiempo.


Los medios se convirtieron en la interfaz, en el eje de la producción simbólica, en la nueva forma de captar el mundo, interpretarlo y semantizarlo. La vida mediada es vivir permanentemente en la condición del médium. Los medios son el metacódigo, la superficie significativa que hace que algo se vuelva fenómeno y susceptible de interpretación. Los medios y la IA son territorio, prótesis y comunicación.


Si te interesan estos temas te invito a seguirme Jorge Alberto Hidalgo Toledo y compartir tus reflexiones aquí.


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