La incongruencia tecnológica de Marx Arriaga
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Por Eduardo Portas Ruiz // Profesor investigador del Centro de Investigación para la Comunicación Aplicada (CICA) de la Universidad Anáhuac México
En X: @EduPortas
El reciente desplante del ex-funcionario de la SEP Marx Arriaga, alguna vez responsable de los libros de texto gratuitos del régimen de la 4T, es una gota que contiene todo el sabor del océano político-digital que habitamos.
Todos los vimos: un hombre apostado en un escritorio hiperconectado a diversos aparatos, ademas de su celular, durante horas. Al menos una computadora era un modelo superior de Apple; otro, un gran monitor que podría servir como segunda pantalla. En el escritorio, un celular de modelo reciente.
Las transmisiones se llevaron a cabo mediante Zoom, el cual a su vez estaba conectado a la cuenta de Facebook de Arriaga. Las dos son mega empresas tecnológicas de los Estados Unidos.

Algunos “en vivo” duraron hasta 8 horas y se replicaron en el mundo digital como hongos, un aprendizaje que dejó bien marcado López Obrador desde el 2006 cuando, gracias a un hábil equipo de especialistas, logró posicionar sus transmisiones digitales como canales de comunicación “sin filtro”.
Se podría decir que el discurso izquierdista de Arriaga choca con los instrumentos opresores que decidió utilizar.
Pero la contradicción tecnológica del emisor va mucho más allá que eso y tiene que ver con el ethos de la parte que comunica.
Marx Arriaga usó las herramientas digitales para masificar un mensaje que no hubiera rebasado un pasillo por ser un asunto por demás burocrático en su característica distintiva más básica. Solo gracias a estas herramientas, nuevos instrumentos del poder de las figuras públicas en la era de la posverdad, puede entenderse el mini-escándalo que vimos en tiempo real en la SEP.

Es la psico-política de la que habló Byung Chul-Han. Las personas se mueven a causa de las emociones, no los datos, que circulan en la red. Por tanto, hay que apelar a esas emociones de forma constante, incesante, como un nuevo instrumento de control social, sin importar las consecuencias del mensaje.
Desde el punto de vista ético esto es reprobable. Desde el poder, un nuevo "must". Si el fin último de la política no es el bien, existe, de facto, una incongruencia con respecto a la utilización de herramientas asociadas a este objetivo.
El “SNI-1. Dr. filología. PTC de la UACJ. Peligrosísimo palurdo según Letras Libres. Poderoso ideólogo para Guillermo Sheridan. Comunista según Ricardo Salinas Pliego”, de acuerdo con su perfil en Twitter y Facebook, encuadró la batalla dentro de los polos antagónicos insuperables, tal como indica el manual de la posverdad. Si me quieren quitar del cargo, es porque quieren modificar la esencia los libros de texto gratuitos. Por tanto, debo permanecer en el puesto para que la esencia de dichas obras se mantenga intacta.
La realidad es que todos los libros, sin importar que sean de texto o no, constantemente son sujetos a cambios, casi siempre de forma. Cuando los cambios son de fondo, las obras son re-examinadas en su totalidad por un grupo considerable de personas, incluyendo los propios autores.
Pero esas sutilezas del proceso no se pueden explicar fácilmente en la era de la posverdad. Lo que es altamente atractivo es comenzar un “live” para, entre ruido y alharaca, denunciar algo que simplemente no existe. Es decir, trastocar el ethos del mensaje mediante tecnologías que catapultan su alcance.
Ghandi vio este problema hace décadas. Cuando le preguntaron si la tecnología era buena o mala dijo que habría que analizar la esencia de ese nuevo aparato: ¿mejora o degrada al hombre con respecto a sus pares?
Sus reflexiones son pertinentes en 2026, las transcribo a la letra:
“Se ha descrito la nuestra como la era de la máquina porque la máquina domina nuestra economía. ‘Ahora bien, ¿qué es la máquina?´, podría uno preguntarse. En cierto sentido, el hombre es la máquina más maravillosa de la creación. No puede ser duplicada ni copiada. Sin embargo, no he utilizado la palabra en su sentido más amplio, sino en el sentido de un aparato que tiende a desplazar el trabajo humano o animal en lugar de suplementarlo o simplemente aumentar su eficiencia. Esta es la primera característica diferencial de la máquina.

“La segunda característica es que no hay límite para su crecimiento o evolución. Esto no puede decirse del trabajo humano. Existe un límite más allá del cual su capacidad o eficiencia mecánica no puede pasar. De esta circunstancia surge la característica de la máquina.
“Parece estar poseída por una voluntad o un genio propio. Es antagónica al trabajo del hombre. Por lo tanto, tiende más a desplazar al hombre; una sola máquina realiza el trabajo de cien, si no de mil, que pasan a engrosar las filas del ejército de desempleados y subempleados, no porque sea deseable, sino porque esa es su ley. En América, quizás, ha llegado al límite extremo”.
Arriaga dejó muy claro su objetivo al utilizar su cuenta de Facebook de 23 mil seguidores para fines poseídos por una “voluntad propia”. Al desplazar el bien colectivo por el individual dejó que otra máquina, la del Estado, lo echara.
Las transmisiones de Arriaga pueden ser visualizadas en su totalidad en:
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Hola Eduardo
Gracias por compartir esta reflexión, está bien escrita y el enfoque cultural/tecnológico es sugerente. Dicho eso, creo que el texto se inclina demasiado hacia una lectura ya cerrada del personaje y del momento y tal vez, sesgada.
Por ejemplo, el énfasis en el “setup” (marca de la computadora, monitor, celular, horas de transmisión) construye una imagen fuerte, pero no necesariamente aporta evidencia sobre el fondo del asunto. Puede ayudarnos a imaginar la escena, sí, aunque también puede desviar la atención hacia lo simbólico (estatus, consumo, “contradicción”) más que hacia lo verificable.
Algo similar ocurre con la idea de la “contradicción tecnológica”: usar plataformas masivas (Zoom/Facebook) puede ser discutible desde una perspectiva crítica, pero por sí solo no invalida…