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De la Fatiga a la Fractura: Nuevas Rutas del Consumo Informativo en la Sociedad del Desencanto

  • 20 jun
  • 3 Min. de lectura
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Por: Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo, Human & Nonhuman Communication Lab, Facultad de Comunicación, Universidad Anáhuac México


Cuando desconectarse es la nueva forma de defensa

La información, que alguna vez fue símbolo de libertad y poder, se ha transformado —en esta era de algoritmos, desplazamientos atencionales y desinformación sistémica— en un fenómeno que abruma más que ilumina. El Digital News Report 2025, en su segunda sección, ofrece una radiografía demoledora: la ciudadanía global está dejando de leer, de mirar, de confiar y, sobre todo, de creer. Ya no se trata solo de una crisis de modelos de negocio o del declive del periodismo tradicional, sino de una fractura emocional, cultural y espiritual que desborda los marcos convencionales de análisis.


La espiral del hartazgo: El consumo de noticias en declive

La sección 2.1 del informe muestra un dato contundente: el 39% de los encuestados globales evita frecuentemente las noticias, un porcentaje que asciende al 49% en Brasil y al 46% en Argentina . Esta no es una renuncia banal, sino un síntoma de una fatiga cognitiva que alcanza dimensiones sociológicas. Según Byung-Chul Han vivimos en una “sociedad del cansancio”, donde la hiperestimulación digital ha convertido la atención en un recurso exhausto. El abandono de las noticias, entonces, no es ignorancia, sino una forma de resistencia: la desconexión como negación activa del sistema de estímulos desbordados.


Intimidad y algoritmos: La personalización como frontera simbólica

La sección 2.2 revela un punto aún más crítico: apenas el 18% de los usuarios prefiere acceder a noticias seleccionadas por algoritmos, y solo el 12% valora las curadas por periodistas. El 44% prefiere elegir por sí mismo . Esta cifra inaugura un nuevo orden de individualismo informativo. La personalización no solo segmenta contenidos; disgrega horizontes comunes. Como advertía Marshall McLuhan, “el medio es el masaje”, no solo el mensaje. La información nos moldea. Nos está masacrando simbólicamente: al reducir la otredad, el algoritmo genera burbujas de confirmación donde ya no hay lugar para el disenso ni la verdad compartida.


La economía de la atención y la infoestética digital

La sección 2.3 muestra que TikTok supera ya a Twitter/X como fuente de noticias entre los jóvenes (15%), con cifras alarmantes en mercados latinoamericanos como Perú (33%) y México (27%) . Este dato implica una mutación ontológica de la experiencia informativa: el desplazamiento de la lógica narrativa hacia una lógica estética, inmediata y emocional. La noticia ya no informa, seduce. No busca formar opinión, sino capturar atención. La verdad ya no se discute; se performa. La credibilidad ha sido reemplazada por la viralidad.


(Des)Confianza estructural: El colapso del contrato simbólico

En la sección 2.4, el informe constata que solo el 40% de los encuestados confía en las noticias. En Brasil esta cifra cae al 35%, y en Argentina al 30% . Este debilitamiento de la confianza no es simplemente un problema de calidad periodística. Es, como decía Pierre Bourdieu, el resultado de una crisis de legitimidad simbólica. La verdad ha perdido su valor performativo, desplazada por narrativas afectivas, memes, fake news y discursos polarizantes que operan como nuevas formas de religión digital. El ciudadano ya no busca información, sino consuelo narrativo.


Suscripciones, escasez y la nueva economía del saber

La sección 2.5 completa el cuadro: menos del 17% de los encuestados globales paga por noticias, con cifras aún más bajas en México (12%) y Colombia (9%) . Esta aparente “tacañería cognitiva” se conecta con un fenómeno más profundo: la desvalorización simbólica de la información en contextos donde todo se percibe como disponible, gratuito, prescindible. La lógica de la gratuidad ha empobrecido no solo al periodismo, sino también a sus públicos. La información ha sido absorbida por el sistema de mercancías que describía Baudrillard: ya no representa la realidad, la reemplaza.


Cuando el silencio se vuelve político

Estos datos no pueden ser leídos desde la lógica del mercado únicamente. Lo que está en juego es el tejido comunicacional de nuestras democracias. La infoxicación, el abandono de las noticias, la desconfianza y la estetización del discurso son síntomas de una civilización que ha perdido su brújula simbólica. Como escribió Pier Paolo Pasolini, en sus Escritos corsarios: “nos encontramos en una época en la que ya no se puede decir la verdad sin parecer ridículo”. Y es precisamente ese ridículo lo que está desactivando el deseo de saber.


¿Y ahora qué?

Es preciso replantear las preguntas. No basta con producir más y mejores noticias. Hay que preguntarse: ¿para quién? ¿Desde qué pactos simbólicos? ¿En qué lenguajes afectivos? Necesitamos medios que no solo informen, sino que curen. Plataformas que no solo entretengan, sino que escuchen. Periodistas que no solo reporten, sino que habiten la contradicción.


Quizá la única forma de volver a conectar con la verdad sea dejar de gritar y empezar a conversar. Tal vez, lo que esta sociedad saturada necesita no es más información, sino más silencio con sentido. Porque en medio del ruido, la verdad no muere… se vuelve inaudible.

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